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CUANDO EL DESEO SEXUAL ESTÁ ESCONDIDO

El estrés, las exigencias de la vida moderna e incluso las inhibiciones y tabúes conspiran contra la vida sexual, dando lugar a una situación que solemos experimentar como falta de deseo. ¿Es eso, o es sólo falta de estimulación?

La falta de deseo aparece como principal emergente de la insatisfacción en la vida sexual de las mujeres. Algunas piensan que es la causa; para otras, es la consecuencia. Un estudio europeo asegura que en general el sentimiento está asociado con una vida sexual poco satisfactoria en los últimos meses. Lo cierto es que hoy, esto que se vive como una “falta de deseo” no sólo es visto como un problema, sino que es uno de los principales motivos de consulta a especialistas.

Uno de los mayores estudios poblacionales sobre la vida sexual –la Encuesta Nacional de Salud Sexual dada a conocer en 2009 por el Ministerio de Sanidad español– mostró que la proporción de quienes se quejan de falta de deseo –que después de la menopausia alcanza a un 9,6% de las mujeres, pero que se da a cualquier edad”– es significativamente mayor que la de mujeres que consultan a un especialista por este tema, sea en ginecología, psicología, sexología o cualquier otra área. Las mujeres que lo hacen no llegan al 3%. Y la “falta de deseo” se lleva la palma entre las consultas clínicas por insatisfacción en la cama.

Sin embargo el Dr. Juan Carlos Kusnetzoff advierte que no siempre es una real falta de deseo lo que se esconde tras esa queja. “Muchas veces lo que se manifiesta es en realidad la falta de espontaneidad del deseo –sostiene el destacado médico psiquiatra y sexólogo clínico–. Por eso lo primero que se le debe preguntar a esa persona es si el deseo reaparece cuando la provocan, cuando hay caricias, besos, abrazos, cuando se toma más tiempo en la estimulación. Si responde que sí, entonces esa supuesta falta de deseo no es tal”.

En las mujeres, el efecto de esta falta de espontaneidad del deseo puede ser más notorio incluso por una simple cuestión anatómica: la irrigación de la región pelviana donde se hallan las terminales nerviosas responsables del placer genital demanda mucho más tiempo que el llenado de los cuerpos cavernosos del pene que determinan la erección en el varón. Por eso, la excitación sexual en la mujer requiere, por supuesto, un cierto arte; pero sobre todo, tiempo.

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